Pocos territorios se asocian de forma tan
rápida, tan inmediata, con la naturaleza.
Y la naturaleza ha sido y es la primera referencia. Una naturaleza que
parece imposible pueda aún existir en una región de la Europa
desarrollada y que mantiene extensas zonas vírgenes - macizos
montañosos, bosques, valles recónditos, ríos, playas... - donde se
refugia la más completa fauna mayor de la península.
Una naturaleza
que da contenido real, tangible, profundamente cierto, al lema
turístico del Principado: "Asturias, paraíso natural".
Asturias cuenta con el complemento
de un magnífico patrimonio cultural.
La prehistoria ha legado las cuevas
del Buxu, el Pindal, o
Candamo; la dominación romana, las
murallas y termas de Gijón o las
explotaciones auríferas de Allande,
Tineo, Degaña y Tapia. La
arquitectura, pintura y orfebrería
prerrománicas - Cámara Santa, Santa
María del Naranco, San Miguel de
Lillo, San Julián de los Prados,
Santa Cristina de Lena, Cruz de los
Ángeles, Cruz de la Victoria, Caja
de las Ágatas... - forman parte del
Patrimonio de la Humanidad;
benedictinos y peregrinos jacobeos -
el Camino de Santiago también esta
presente - estimularon la
construcción de múltiples iglesias
románicas; el gótico afiló las
crucerías y flechas de la catedral
ovetense; los siglos posteriores
aportaron torres almenadas, palacios
y casonas con escudos y balcones de
púlpito, claustros renacentistas y
barrocos; elegantes fachadas
neoclásicas; historicismos
románticos, fantasías modernistas...
Modos, estéticas y expresividades
que llegan hasta el hoy mismo de la
mano de sucesivas y brillantes
generaciones de pintores, escultores
y arquitectos.
Hablar de arte es hablar de hórreos
y paneras, de corredores y galerías,
de pallozas y cabañas de piedra...,
arquitectura popular e inmemorial
que ya es tan parte del entorno como
el monte, el árbol o el oleaje
cantábrico.
La artesanía del barro en la
cerámica de Faro, Llamas de Mouro y
Miranda; artesanía del hierro en la
cuchillería de Taramundi; artesanía
de la madera en las madreñas,
cuencos, gaitas, cestos y otros
diversos objetos, útiles y bellos
que han sido y, ojalá por mucho
tiempo, continúan siendo.
La gastronomía, amiga de la
autenticidad, de la pureza y calidad
de cada ingrediente, de los sabores
sin sofisticaciones superfluas. Una
gastronomía presidida por un trío
casi universal - fabada, sidra,
queso de Cabrales - y seguida de una
exquisita variedad de productos
salidos de la tierra, la ganadería y
la pesca.: los potes, jugosas carnes
roxas de vaca y buey, truchas,
salmones, caza (jabalí, perdiz,
corzo y rebeco), cordero, mariscos
(imprescindibles oricios o erizos de
mar, centollos, andaricas, percebes,
bogavantes, ñoclas...), besugo a la
espalda, lubina al horno, angulas,
pixín o rape y un largo etcétera.
El dulce epílogo lo ponen les
casadielles, los frixuelos, el arroz
con leche y algunas especialidades
típicas, como la tarta de almendra,
la charlota, la tarta gijonesa o los
carbayones.
La leche, hizo y hace de Asturias
una de las más variadas productoras
europeas de quesos artesanales. Al
ya citado y apreciadísimo Cabrales
se unen el Gamonedo, el de Los Beyos,
el Afuega'l pitu, el Casín, el de
Urbiés y algunos otros que llenan,
con muy diferentes fragancias y
sabores, el olfato y el paladar del
degustador.
Paisaje, arte, artesanía y
gastronomía son, por tanto, una
parte primordial, pero no total, del
mundo asturiano.